Hace cuatro o cinco años
estaba rodeada de personas, tenia “amigos” en todas partes y siempre estaba en
la mente de alguien al momento de armar un plan. No había día en el que yo no
saliera a pasar el rato, bailar y divertirme. Cada fin de semana era una
aventura nueva y a pesar de que no era la mejor tomando decisiones, me divertía
mucho en ese mundo.
Había momentos en los que
me preguntaba: ¿Qué haces? ¿Enserio conoces a estas personas?, el vacío en mi
pecho era palpable porque a pesar de que no estaba segura de conocer el
verdadero rostro de esos extraños, si sabía que no estaba mostrando el mío. Estaba
escondida tras esa fachada de valemadrismo y rebeldía, que no me atrevía a mostrar
mis emociones, a poner en la mesa mis opiniones y pelear por mis ideales, me
estaba dejando arrastrar por la corriente.
Hoy septiembre 2 me doy
cuenta que ser yo misma me alejo de todos. Ahora el vacío en mi pecho sigue
palpable, tal vez no esté relacionado con ellos, pero está arraigado a una
inmensa soledad. Una pequeña punzada en el pecho que sale a relucir con un nudo
en la garganta que no me deja respirar. Lo irónico es que hoy es un día feliz,
pero en momentos de alegría es cuando más sola me siento, cuando no hay nadie
que sinceramente se alegre de mis logros o que sienta calidez y preocupación en
su corazón.
Odio sentir el anhelo en
mi corazón, la esperanza que me hace ser como soy: “Si yo doy todo por ti, tu
lo darás todo por mí”. Es la mentira que mas me repito y la que mas me lastima.
La ilusión de recibir lo que creo merecer me hace esperar acciones que nunca
llegan y llorar lagrimas secas que ya no me atrevo a soltar por mis mejillas.
Después de tantas noches
llorando a mi almohada es normal el que me quede sin ganas de llorar. No quiero
llorar, mis ojos solo deben usarse para ver aquello que me lastima y mi corazón
para romperse. ¿Dónde quedan mis lagrimas entonces? Tal vez en esta hoja de
papel, que irónicamente escribo en mi cumpleaños 23.
No sé qué más decirme y
ya no quiero seguir culpándome por todo. No quiero sentir mi vacío en el pecho,
no quiero hablar con personas sin rostro y por favor, por favor, ya no quiero
tener ilusiones.
Ilusiones de una serenata
sorpresa, un pastel con una vela que apagar y un deseo a la espera, por favor
por favor, deseo que mi corazón se haga de piedra.
Feliz cumpleaños para mí.